LOS 9 MANDAMIENTOS DEL MAR

 

   1. La enseñanza social de la Iglesia recuerda dos puntos fundamentales. No debemos utilizar el mar como un mero instrumento, el mar no es de nadie, debemos respetarlo y cui darlo como se merece.


    2. El mar es un bien colectivo que debemos cuidar y respetar, para que así las siguientes generaciones lo puedan conservar.


    3. El punto central de referencia para toda aplicación científica o técnica debe ser el respeto por la persona humana, que, a su vez, debe trata a los demás seres y bienes (como el mar).

 

4. El mar no debe considerarse como una realidad divina en sí misma; por lo tanto no debe apartar de la acción humana. Es, más bien, un regalo ofrecido por nuestro Creador a la comunidad humana, confiado a su inteligencia humana y a su responsabilidad moral. De ahí se sigue que no sea ilícito el modificar el mar, siempre y cuando esto se haga dentro del contexto del respeto por su orden y belleza, y tomando en consideración su utilidad.


    5. Las cuestiones ecológicas ponen de relieve la necesidad de alcanzar una mayor armonía entre las medidas destinadas a fomentar el desarrollo económico y las dirigidas a preservar la ecología, y entre las políticas nacionales y las internacionales. El desarrollo económico, además, necesita tener en consideración la integridad y el ritmo de la naturaleza, puesto que los recursos naturales son limitados. Y toda actividad económica que utilice los océanos debería incluir también los costes de salvaguardar el medio ambiente en los cálculos de los costes totales de su actividad.

 

    6. La preocupación por el medio ambiente y los océanos significa que debemos trabajar activamente por el desarrollo integral de las regiones más pobres. Los bienes de este mundo han sido creados por Dios para ser utilizado sabiamente por todos. Estos bienes se deben compartir, de una forma justa y caritativa. El principio del destino universal de los bienes ofrece una orientación fundamental para tratar con la compleja relación entre ecología y pobreza.



    7. La colaboración, por medio de acuerdos mundiales, respaldados por el derecho internacional, es necesaria para proteger el medio ambiente y el mar. Es necesario poner en práctica la responsabilidad por el medio ambiente de forma adecuada a nivel jurídico. Estas leyes y acuerdos deberían guiarse por las exigencias del bien común.



    8. Los estilos de vida deberían orientarse según los principios de sobriedad, templanza y autodisciplina, tanto a nivel personal como social. Las personas necesitan escaparse de la mentalidad consumista y promover métodos de producción que respeten el orden creado, así como la satisfacción de las necesidades de todos. Una mayor conciencia de la interdependencia entre todos los habitantes de la tierra ayudaría a este cambio de estilo de vida.

 

9. Se debe dar una respuesta espiritual a las cuestiones medioambientales, inspirada por que el mar es un don que Dios ha puesto en manos de la humanidad, para ser usado de modo responsable y con cuidado cariñoso. La orientación fundamental de las personas hacia el mundo creado debería ser de gratitud y agradecimiento.